Se tira uno quince días sin actualizar el blog, luego escribe una anécdota familiar y recibe más de 2.000 visitas, 14 comentarios, y otros 39 comentarios en meneame.net (datos a las doce de la mañana). Gracias Roberto por el meneo!.
Sin duda, la cantidad de comentarios recibidos pueden ser fuente de inspiración para unos cuantos posts. Me gustaría en este recomentar algunos de esos comentarios.
En primer lugar, dado que varios de los comentarios aluden a mis prejuicios hacia los migrantes andaluces, pido disculpas sinceramente si alguien interpretó en ese sentido mis palabras. Mis prejuicios hacia los migrantes andaluces son los mismos que los que tengo hacia los migrantes ecuatorianos, los bolivianos, o los colombianos. Soy un firme convenido de lo que reza el artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos:
1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado.
2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.
En segundo lugar, quisiera realizar algunas valoraciones sobre el educado (no todos lo son) comentario de Julia:
No se quién tendrá la culpa de la crisis, pero lo que está claro es que las remesas que envían los inmigrantes cada año son miles de millones de euros que dejan de circular interiormente en la economía española, que escapan al control fiscal, y que posiblemente podrían haber contribuido a paliar los efectos de la crisis.
Algunos comentarios al respecto. No es cierto que los miles de millones de euros (cerca de 8.000 millones en 2008) de remesas enviadas al extranjero escapen del control fiscal. Los migrantes que trabajan legalmente, pagan sus impuestos de la misma manera que los españoles que trabajan legalmente. El uso que hacen del dinero que ganan con su esfuerzo, es una decisión absolutamente personal. Por otro lado, cualquier persona que haya intentado enviar dinero al extranjero (bien por canales bancarios, bien por empresas remesadoras) conocerá los estrictos controles de identificación de la persona que envía, requeridos para poder hacerlo. Información que tanto los bancos como las empresas remesadoras tienen obligación de facilitar al Banco de España.
Lo que si escapa del control fiscal son los aproximadamente 70.000 millones de euros que anualmente, según algunas estimaciones, supone el fraude fiscal, y que en buena parte terminan en diversos paraísos fiscales. Con toda seguridad, no son los migrantes lo que terminan depositando estos dineros en esos paraísos fiscales. La misma seguridad de que estas operaciones serían inviables sin la colaboración de las entidades financieras.
En tercer lugar, la misma Julia comenta:
Además de beneficiarse de cuantiosas ayudas y beneficios sociales que ni los mismos nativos habiendo contribuido a la sostenibilidad de su país durante cientos de años generacionalmente han podido disfrutar.
Dudo que haya ni nativos ni migrantes que hayan contribuido (si al pago de impuestos nos referimos) a la sostenibilidad de ningún país durante más de cincuenta años (y esto, en el caso de personas extremamente longevas).
A la sostenibilidad del país contribuimos los nativos del país (si cumplimos con nuestras obligaciones fiscales), los extranjeros (si cumplen con sus obligaciones fiscales), y en buena medida las empresas transnacionales españolas que consiguen una buena parte de sus beneficios en terceros países (en muchos casos, en los países de origen de los migrantes) pero repatrian una buena parte de sus utilidades, y por tanto pagan impuestos, en el nuestro.
Y por último, el mito de las cuantiosas ayudas y beneficios sociales de que disfrutan las personas migrantes. Animo a cualquiera que sostenga esta afirmación a que lo haga con datos. A que compare las contribuciones de las personas migrantes al presupuesto público del estado español, con el gasto que suponen las ayudas y beneficios sociales de que disfrutan. Un ejemplo simple. En el año 2007, los migrantes aportaron al Sistema de Seguridad Social aproximadamente 8.000 millones de euros. En ese mismo año, por cada 30 cotizantes extranjeros había un pensionista extranjero. Por contra la ratio para los españoles era de 1 pensionista por cada 2,6 cotizantes. Por tanto, sin las cotizaciones de las personas extranjeras, el sistema de Seguridad Social estarían en serios problemas.
Tags: Crisis, Democracia, Derechos Humanos, Economía, España, Migración, Política
Qué tiempo tan triste que tenemos que defender lo que es obvio.
Lo primero que cabría preguntarnos es por que el Lumpenproletariado mira a su lado y busca a los culpables en su nivel, en vez de mirar a los banqueros y sus paraísos fiscales. Debe ser por eso, por que es Lumpen.
Lo segundo es que podríamos hacer cupos por litro de petróleo o de kilo de coltán -imprescindible para los móviles, i-pods, portátiles…-. Como está de moda que por las fronteras pasen las mercancías, pero no las personas, estaría bien que por cada vez que llenemos el tanque del coche de gasolina 10 veces pudieran darle la residencia a una persona del país que nos ha “vendido” la gasolina, o por cada 2/3 móviles portátiles, etc, lo mismo.
LO tercero no lo digo que si no…