Gorilas

Esta mañana me ha llegado una invitación vía Facebook para sumarme a un grupo llamado “Metamos al gorila rojo en el zoo”. He entrado por curiosidad en el espacio de presentación del grupo cuya descripción es concisa: “Luchar contra el impresentable de Hugo Chávez”.

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He de reconocer que el presidente venezolano no es el dirigente latinoamericano al que más simpatías le tengo. Entre otras cosas, porque los militares no concitan en mí demasiadas simpatías. El propio Perón (al que tampoco guardo demasiadas simpatías) reconocía que los militares patriotas tienen algo bueno y algo malo. Lo bueno, ser patriotas, lo malo, ser militares. Y el presidente venezolano es, antes que cualquier otra cosa, militar. Sus frecuentes ramalazos autoritarios lo acreditan.

Pero de la misma manera, tengo que reconocer que si tuviera que hacer un ranking de los dirigentes latinoamericanos que menos simpatía me generan, probablemente Chávez no fuera el primero de la lista. El presidente colombiano Álvaro Uribe, y el ex-presidente de facto hondureño Roberto Micheletti sin duda andarían por encima de él. Estos dos, no sólo tienen alma guerrera, sino que le dan rienda suelta con pasión.

Pero no es de los dirigentes latinoamericanos de lo que quería escribir en este post, sino de la ciudadanía del lugar en el que habito. Porque no deja de sorprenderme, la facilidad con la que en el lugar en el que habito se advierte la paja en el ojo ajeno, mientras no molesta en absoluto la vida en el ojo propio.

Hace escasos días intercambiaba opiniones acerca de Chávez con un conocido. Este conocido lo calificaba de dictador, y basaba su calificación en que, más allá de haber ganado varias elecciones democráticas, su manera de gobernar era autoritaria. Un argumento nada novedoso (se repite con frecuencia en los medios de comunicación de masas), y con el que puedo llegar incluso a estar de acuerdo.

Pero para estar de acuerdo, tendríamos que utilizar la misma vara de medir para todos los gobernantes. Y ahí es donde la cosa no está tan clara. Los acontecimientos de estos últimos días son buena prueba de ello.

La semana pasada, la Diputación de Valencia censuraba diez fotos de la exposición ‘Fragments d’un any-2009′. Diez fotos que ya habían sido publicadas durante el año pasado en el diario El País (3), el diario El Mundo (3), el Periódico de Catalunya (2), ABC (1) y Levante (1). La exposición estaba organizada por la Unió de Periodistes Valencians, organización profesional mayoritaria en la Comunidad Valenciana, que agrupa a más de 800 profesionales, y que forma parte de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España y la Federación Internacional de Periodistas. El director del MuVIM, museo en el que se presentaba la exposición, presentó su dimisión en un acto de dignidad que le honra.

Preguntado por ello el presidente de la Diputación Valencia, máximo representante de la institución censora, sólo se atrevió a decir “El que esté a gusto que no se mueva y el que no esté a gusto…”. Recordemos que este señor, Alfonso Rus, es el mismo que calificó de “gilipoyas” a los docentes que utilizan el valenciano correctamente, y amenazó con “rematarlos”.

Preguntado también el presidente de la Generalitat Valenciana por el acto de censura en el MuVIM, éste se acercó a la periodista que le había formulado la pregunta, y apretándole los mofletes le dijo “Guapa, guapa, guapa”. De sobra conocidas son las relaciones del presidente Camps con la prensa. O la controla, o no responde a sus preguntas.

¿Cómo deberíamos calificar las actitudes de los máximos responsables de las instituciones provincial y autonómica?

Si utilizamos el mismo criterio que habitualmente se sigue con Chávez en los medios de comunicación, habría que calificarlos de dictadores. Como ambos, al igual que Chávez, accedieron a sus puestos después de ganar unas elecciones, yo me limitaría a llamarlos demócratas de dudosa calidad. Y en cualquier caso, no se me ocurriría desearles que terminen en un zoo. Eso no se lo deseo ni a los gorilas (en este caso, me refiero a los primates herbívoros). Sólo pediría que se les juzgara por sus actos (ambos están inmersos en procesos judiciales) y si se les condena, que cumplan las sentencias correspondientes.

Y un último detalle. El administrador del grupo “Metamos al gorila rojo en el zoo” es un tal Jose Manuel Martín Pez, admirador entre otros grupos de Facebook de uno llamado “Divisón Azul”.  Para quien tenga problemas de memoria histórica, la División Azul fue una unidad de voluntarios españoles que sirvió entre 1941 y 1943 en el ejército nazi. Toda una muestra de su talante democrático.

jmmp

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